No es mi mascota, es mi familia

No es mi mascota, es mi familia

La afirmación “no es mi mascota, es mi familia” se escucha con frecuencia. Esto es un hecho positivo, siempre que no olvidemos que nos estamos refiriendo a un animal, es decir, a un miembro no humano del grupo familiar.

Un perro, un gato, o la mascota que hayas elegido para compartir parte de tu vida, poco a poco –o a primera vista- va ganando un lugar de importancia en tus afectos. No es novedad, entonces, afirmar que un gran número de personas que poseen animales domésticos los consideran integrantes de la familia.

Salvo excepciones que no vienen al caso en este artículo, se trate de familias tipo o numerosas o de gente que vive sola, o mejor dicho que no comparte su hogar con otros humanos, los animales de compañía suelen ocupar un lugar importante dentro del grupo familiar.

Son excelentes compinches de juegos para los niños y una acompañamiento imprescindible para ancianos. También pueden aportarte la mejor solución para que te olvides de un día complicado.

Llegar a casa y ser recibido con alegría por el miembro no humano de la familia es ya reconfortante. No es aventurado afirmar que una buena sesión de caricias y juegos es la mejor manera de quitarte el estrés que existe en el mundo.

Eligiendo a la familia no humana

Cuando decidimos adoptar una mascota de un refugio o adquirimos un animal en un criadero, debemos ser conscientes de la responsabilidad que tomamos desde ese mismo instante con el animalito.

“Un perro puede ser la única oportunidad que tiene un ser humano para escoger un pariente”.

Mordecai Siegal