Así fue el examen práctico de conducir

Así fue el examen práctico de conducir

 

Cuando el examinador me entregó la hoja de calificación y me dijo “tome, ha aprobado” sentí dos cosas: alivio y alegría. Alivio porque no cabe duda de que el examen práctico conlleva una dosis de tensión, sobre todo cuando se hace por primera vez. Y alegría porque suspender significa gastar más dinero y prolongar la tensión. Gracias a Dios hice un examen casi perfecto. Lo que no había logrado durante las prácticas, lo conseguí en el examen. A continuación explico cómo transcurrió todo, desde el comienzo hasta mi llegada a la autoescuela.

Tras dormir apenas cinco horas esta noche, me dirigí a las 8 de la mañana a la autoescuela, donde el profesor pasó a recogerme y me llevó a la zona de examen, una amplia avenida plagada de coches de autoescuela (la avenida de Lola Flores, en Jerez). Me presentaba junto a otras cuatro personas, todas ellas chicas. Nos quedamos allí hablando un rato, al lado del parque, con un frío gélido y comentando quién sería el examinador. Las chicas, que ya se habían presentado antes, temían que nos tocara un determinado examinador que ya andaba por allí. Pero el nuestro tardó en llegar una media hora. Las dos primeras chicas se montaron en el coche y los otros tres nos quedamos esperando y conversando. Tuve que dar un paseo por el parque y ponerme al sol, porque me estaba helando allí. Charlé un poco con mis compañeras y, casualmente, dos de las chicas que se presentaban vivían muy cerca de mi casa, una en mi urbanización (la única que suspendió) y otra en la calle de enfrente.

Entre paseos y conversación, llegaron las dos chicas que se habían examinado primero: las dos aprobadas. Empezaba bien la mañana. Se me pasó por la cabeza: “¿y si aprueban todas y soy el único que suspendo?”. Se fueron las otras dos y me quedé charlando con las aprobadas, que no cabían en sí de contentas. Les había gustado el examinador, porque era claro en las instrucciones y resultaba tranquilizador. Durante la espera, vimos a una chica de otra autoescuela llorando desconsolada. Nuestras otras dos compañeras tardaron menos tiempo en llegar, y eso era síntoma de que algo no había ido bien. Una de ellas había suspendido por descontrol del vehículo en una glorieta. Lo sentí por ella. La otra, una chica muy simpática, sí había aprobado.

Y me tocó el turno a mí. El profesor me dijo que me fuera acomodando en el coche. Con el examinador aún fuera, fui colocando el asiento y los espejos. Tras unos minutos, el examinador se subió al coche, me pidió el DNI, me dio la hoja de calificación del examenpara que la firmara y me explicó brevemente en qué iba a consistir la prueba (diez minutos de conducción autónoma y quince de conducción dirigida). Luego me preguntó dónde localizaría el claxon. Señalé el lugar en el volante, sin tocar el claxon, claro. Y tras eso, me pidió que iniciara la marcha.

Comencé tranquilo, circulando a buen ritmo, adaptando la velocidad a cada circunstancia. No quería meterme en problemas, así que opté por girar en las glorietas en salidas próximas o que daban a avenidas. Así llegué a una calle sin salida (y sin señalizar) en la que ya me había metido en las prácticas. Me entró un poco de inquietud, pero pensé que simplemente era cambiar de sentido y volver a salir. El examinador me lo recordó, por si acaso, ya que la entrada sin salida no está señalizada. Salí a otra avenida amplia y seguí sin cometer errores, señalizando bien con anticipación, adaptando la velocidad, respetando semáforos y parándome siempre a tiempo en los pasos de peatones. Noté enseguida que tenía un buen día y que el examen me estaba saliendo bien, pero sabía que aún quedaba mucho por delante.

Tras los diez minutos de conducción dirigida, sin errores, el examinador comenzó a darme instrucciones en la fase dirigida del examen. Aquí empezaba lo difícil. Me encontré con un ceda el paso, que hice sin problemas. Después iba a venir un stop con una ligera cuesta y nula visibilidad. Recordaba haberlo hecho alguna vez en las prácticas. Me detuve a la altura del bordillo, ya que no tenía marca vial de detención. Como no veía, levanté embrague y avancé hasta el punto donde veía perfectamente a ambos lados. Dejé pasar a un coche y, en cuanto vi vía libre, aceleré y salí sin problemas. La próxima indicación del examinador fue que tomara la siguiente glorieta por la primera salida permitida. Miré la primera entrada, que tenía una señal de prohibido, y entré por la segunda. A continuación me dijo que hiciera un giro a la izquierda en el próximo semáforo. Con antelación miré, señalicé y me cambié al tercer carril de la izquierda. Me encontré un semáforo en rojo antes del giro, así que, en cuanto cambió a verde, hice el giro en L y pasé sin más problemas. Posteriormente pasé otro stop con giro a la izquierda, sin problemas (me cogió el semáforo en rojo, pero si hubiera estado en verde ya tenía claro que no había que detenerse allí).

Unas calles después el examinador me dijo que siguiera de frente según me permitieran las marcas viales y la señalización. Eso me puso un poco en alerta, porque llegaba a una intersección muy grande donde era difícil ver si había una línea continua. Me tocó semáforo en rojo, así que me dio tiempo para pensar. Como no vi marca vial ni señal que me impidiera ir de frente, en cuanto se puso el semáforo en verde continué  hacia el centro de la intersección y giré un poco a la derecha para no pisar el cebreado y entrar al carril siguiente que me permitía ir de frente. Lo hice bien. Posteriormente el examinador me llevó a una zona de bajadas y cuestas, que pasé sin mayores dificultades. A todo esto, iba pasando los típicos obstáculos, como peatones, coches parados en glorietas, etc. El examinador me indicó que hiciera un cambio de sentido en una glorieta. Pensé por un momento en hacerlo sin dejar el carril derecho, pero recordé que en caso de no salir por la primera o segunda salida siempre es más correcto y seguro tomar el carril central o interior y luego abandonar la glorieta por el derecha. Como estaba confiado y el tráfico lo permitía, puse el indicador, me pasé al carril izquierdo y, cuando llegó la salida para hacer el cambio de sentido, me pasé al derecho y salí. Me salió perfecto.

El examinador debió quedar satisfecho, porque nos encaminamos de vuelta a la zona de examen. Y ahí es cuando empecé a sentir que aumentaba la tensión. Sabía que había hecho un examen muy bueno y que si no cometía ningún error iba a aprobar. Eso hizo que fuera por la avenida de la zona de examen con mucha precaución (o, como dijo mi profesor al terminar el examen: “como si se me hubiera acabado la gasolina”). El examinador me dijo que estacionara marcha atrás. Vi un espacio perfecto y conseguí pararme justo en la referencia de los faros traseros. Di marcha atrás hasta conseguir el ángulo apropiado, sin quedarme corto. Y entonces me pasó por la cabeza que ya tenía el examen en el bolsillo y me puse nervioso. Dejé el pie en el freno mientras levantaba el embrague, y el coche no se iba para atrás. Llegué a pensar que tenía la primera puesta en vez de la marcha atrás. Fueron diez segundos de duda donde no entendía qué pasaba, hasta que reparé en quitar el pie del freno, seguí hacia atrás, toqué el bordillo y enderecé el coche hasta dejarlo alineado. Quedó muy bien alineado y dentro de la línea blanca, aunque un poco separado del bordillo. Puse punto muerto, freno de mano y apagué el motor. El examinador me dijo que saliera del coche con cuidado y que esperara a que me diera el resultado. Un minuto después salió del coche, me dio el papel con la calificación (tres fallos leves) y me dijo “ha aprobado“. Ahí terminó la tensión y me invadió una sensación de reto conseguido. En menos de un mes desde que comenzara las prácticas había obtenido el permiso. En total, un mes y medio para el teórico y el práctico.

Con respecto al examinador de la DGT, debo decir que actuó de una forma muy profesional y respetuosa. Dio las instrucciones de una manera clara y en todo momento tuvo una actitud tranquilizadora. Nada que ver con algunas de las actitudes que he leído en ocasiones por internet sobre los examinadores. Supongo que cada uno será diferente, como en todos los ámbitos de la vida, pero el que me ha tocado a mí me ha cambiado esa idea negativa que tenía sobre los examinadores.

Espero que mi experiencia te haya ayudado y te anime a conseguir tu carnet de conducir. ¡Tú también puedes!

 

Fuente: https://www.carnetdeconducir.club/practicas-de-conducir/asi-fue-mi-examen-practico-de-conducir-apto-aprobado/